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Nuestro diálogo interior: ¿aliado o enemigo?

Hay una correlación directa entre pensamiento, emoción y acción. Lo que nos decimos y cómo nos lo decimos afecta a nuestras emociones y repercute en nuestro comportamiento.

Nos podemos preguntar cada mañana, al levantarnos y mirarnos en el espejo: ¿cómo me trato en mi diálogo conmigo mismo?, ¿qué es lo primero que me digo?, ¿quizá me dirijo continuamente reproches, quejas, miedos, preocupaciones, culpabilidades, prisas? Entonces, es hora de convertirnos en nuestro mejor aliado y dejar de ser nuestro enemigo más duro.

Dag Hammarskjold, Premio Nobel de la Paz en 1961, secretario de las Naciones Unidas desde 1953 hasta 1961y autor espiritual, escribió:

“No podemos jugar con nuestro animal interior sin volvernos animales, ni jugar con la falsedad sin perder el derecho a la verdad, ni jugar con la crueldad sin perder la sensibilidad del espíritu. Quien quiere conservar su jardín florido, no reserva una parcela para la maleza”.

Si nuestros diálogos son espacios donde nos permitimos respirar hondo, reconocer los logros, calibrar la energía, buscar opciones, escuchar lo que necesitamos, ser afectuosos y abrir horizontes, el resultado será muy diferente a si nos reprochamos continuamente lo que falta por hacer, somos duros con las palabras que nos decimos, no nos respetamos, abandonamos nuestras metas y perdemos la brújula.

Todos vivimos con nuestro “gnomo” (el diálogo interior) a cuestas. A veces, ese compañero insalvable es benévolo con nosotros y nos deja vivir tranquilos; otras, se acelera y nos ametralla con quejas, exigencias y mezquindades. Podemos ser muy poco tolerantes con nosotros mismos y padecer el látigo de la culpabilidad, infravalorarnos, dejar de escucharnos, … ¿cuál es tu caso?

Preguntas como ¿qué te dices por las mañanas al levantarte?, ¿qué es lo primero que se te ocurre cuando te miras en el espejo?, ¿cómo te animas cuando hay un obstáculo por resolver? nos dan pistas sobre nuestra forma de tratarnos, sobre cómo nos hablamos y la manera de aceptarnos.

Las personas que han marcado una diferencia en sus vidas son aquellas que, entre otras cosas, “han sintonizado” su diálogo interior, lo han hecho su aliado y no su enemigo. Asumen los retos que se establecen desde el respeto hacia sí mismos, con valentía y honestidad, aprendiendo de los errores en un fructífero diálogo constante.

Son seres proactivos, cuyo lenguaje interior es del estilo de: “puedo elegir otro camino, tengo alternativas”, “prefiero”, “puedo hacerlo”, “quiero intentarlo y aprender alternativas”. Las personas reactivas, por el contrario, se dan mensajes como “no puedo hacer nada”, “me vuelve loco”, “soy así”, “no me lo permitirán”, “no soy capaz”, “no valgo”, “debo dejarlo”, “tengo que hacerlo”.

Una pregunta sencilla y, a la vez, muy poderosa que nos puede abrir la puerta a nuestra propia capacidad y bienestar es ¿qué pasaría si?:

  • ¿Qué pasaría si te dieras una oportunidad más?
  •  ¿Qué pasaría si te dejaras llevar y no juzgaras a priori?
  • ¿Qué pasaría si aceptaras la situación o el error y confiaras en ti?
  • ¿Qué pasaría si dejaras las prisas, escucharas a tu corazón y te dejaras sorprender?

¡Prueba la diferencia!

 


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  1. Beatriz dice:

    Carmen, desde luego ¡que verdad!. Tendemos a reprocharnos, a recordar lo negativo, y lo peor es que eso es lo que al final transmitimos, y nos contagiamos unos de otros. Hay que hacer un esfuerzo y dulcificarnos con nosotros mismos, tolerarnos. Tú eres capaz de hacernos ver, con tu silencio, con tu acompañamiento, lo que está ahí, lo que no queremos mirar, pero verlo hace que resulte fácil sentirlo y aceptarlo. Tú haces que el descubrimiento sea sencillo. Nadie lleva un monstruo dentro.

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